La identidad religiosa
La fe es algo que ya no puedo comprender. Me siento sumergido en esta experiencia afectiva. La experiencia religiosa más que razón y moral es experiencia afectiva. Es el mismo origen de la conciencia, la conciencia esta fundada en este sentimiento. Dios no es idea, ni ley, es experiencia de Dios que desborda el nivel de la razón, ni idea, ni imperativo. A Dios no se le piensa, se le siente y esto es lo que te va a dar la sabiduría. Hay un riesgo de subjetividad; cada quien ve la vida desde sus propios sentimientos.
La experiencia religiosa comporta una experiencia afectiva. Una cosa es lo que yo experimento en mi plano interior y otra cosa es Dios. No basta decir que bonito siento, experimento, se necesitan los otros planos. La experiencia humana es mucho más amplia. Más que seguridad y refugio, Dios es urgencia de realización y camino de existencia. La experiencia no es refugio, no está en esa línea, esta más allá; yo lo tengo que resolver, no Dios. La experiencia del encuentro con el misterio no es refugio de mis vacíos; lejos de saciar mis deseos responde a ellos, se convierte para ellos en fuente y principio de nuevos deseos.
Antes de un sentimiento es experiencia de esa realidad otra, lo numinoso, lo sagrado, lo divino, y en ese encuentro me doy cuenta de mi pequeñez. Religión, experiencia del encuentro con lo sagrado, el encuentro con una realidad que me desborda, el totalmente otro, lo mas grande que puede ser pensado, ese misterio es energía, la potencia suma, voluntad de poder, aquello que esta más allá de la razón que no podemos dominar. Estremecimiento y fascinación. Temblor ante la línea o frontera de la nada, casi al borde de la muerte que me recuerda mi finitud, aquello desproporcionado a mi propia experiencia, lo sublime.
Lo que estremece no es la pura nada, sino el rostro de la inmensa majestad, la fuerza del misterio. El temblor religioso no destruye al humano sino que lo edifica y recrea. Experiencia que suscita el encuentro con el misterio. Lo numinoso ofrece el gozo de su propio ser distinto y transformante. No es algo que podamos definir. Hay que interpretarlo de manera positiva porque puede llegar al irracionalismo y al riesgo de la violencia.
El ser humano primero es naturaleza, de ahí ha surgido. En primera instancia aparece el mundo como naturaleza, de la cual hemos brotado, hemos surgido, no podemos desprendernos de la gran madre que nos sustenta, que nos ha parido. El mundo no solo es naturaleza sino también cultura que nosotros hemos forjado, creado. El ser humano nace por la naturaleza, la desborda y produce la cultura. El ser humano no solo es producto del mundo sino lo produce, es producto de la cultura. El ser humano antes que ser razón es vida.
Dios no es madre ni padre; Dios no es ni naturaleza ni cultura. Dios es una experiencia de ruptura porque nos lleva al límite de lo humano que está entre la naturaleza y cultura. El ser humano es un existente concreto que esta inmerso en el ciclo de la vida. Somos naturaleza estructurada culturalmente; la cultura no puede desprenderse de la naturaleza y la naturaleza no puede desprenderse de la cultura. Y esto es la experiencia de ser cuerpo, somos una mezcla de cuerpo y cultura, somos límite entre el caos y el orden, ahí estamos ubicados entre las fuerzas inconscientes de la vida misma y la razón.
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